bagels

Hace ya años, unos cuántos, tras terminar la carrera en España, me fui a estudiar a EE.UU. Allí cargadas de ilusión y miedo, nos plantamos una buena amiga y yo a realizar un máster de dos años en Letras Hispánicas. Y aunque la primera noche dormimos en la misma habitación, aterradas por el ruido del tren que pasaba al lado del apartamento y la increíble comunidad afroamericana a la que no entendíamos ni papa, los obstáculos se fueron superando con éxito.

Por azares de la vida, esta experiencia supondría un punto de inflexión en mi tranquila existencia en Extremadura, pues allí encontré el amor, y eso me unió a México y nos envolvió en un círculo de viajes, amigos, culturas y gastronomía, que , hoy por hoy, seguimos disfrutando.

De esos días de antaño, guardo muchos recuerdos. La primera parte de la temporada bañada con los impresionantes colores del otoño. El invierno se volvía blanco con el color de la nieve, los gorros, las bufandas y la pala preparada en la puerta para poder salir cada mañana rumbo a las clases. En primavera, todo volvía a florecer y miles de ardillas poblaban la inmensa vegetación. Los veranos, con un campus que en invierno daba cabida a 45.000 estudiantes, se sentía despoblado y triste hasta Agosto, donde la vida volvía a empezar con el curso académico.

No faltaba la ocasión para reunirnos con los amigos, que se multiplicaban como los panes y los peces cuando salía a la palestra la palabra “fiesta”. Eramos estudiantes internacionales que compartíamos todo. En un país lejano, todos estos extraños se vuelven familia.

De entre todos esos recuerdos, me veo cruzando Grand River, detrás de la facultad, para comprar un bagel recién horneado. El local se llamaba Bagel Fragel. Algunas veces, en las tardes compartía ratos de charla con un amigo peruano que tenía la misma hora libre de clases que yo. Filosofábamos y arreglamos el mundo casi siempre alrededor del mismo bagel, pesto y queso fundido. Lo acompañaban con bagel chips, que eran bagels rebanados como si fueran patatas fritas pero de pan seco.

Creo que a pesar de ser una enamorada de los bagels, en todas sus presentaciones, combinaciones y sabores, su recuerdo invariablemente me transporta a aquellos años de estudiante y profesora, de correr de las clases de mis alumnos a las mías propias, de un ir y venir, del campus a los apartamentos.

¿Qué es un bagel?

Un bagel, pronunciado /beigel/ para que el que no los haya visto nunca, son unas rosquillas de pan que provienen de la cocina judía aunque hoy en día, debido a su comercialización, se asocian a Nueva York. El secreto de este panecillo es que hay que hervirlo antes de hornearlo, lo que dará una sensación crujiente por fuera pero esponjosa por dentro. Además una vez hechos, puedes congelarlos sin ningún problema, lo que te ahorrará tiempo para algún día que vayas con prisas. El relleno está abierto al abanico de gustos del consumidor: filadelfia y salmón, jamón dulce y queso, pechugas de pollo con espinacas y toque de queso y un largo etcétera.

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Para el fermento

  • 25 gr de levadura fresca
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 220 gr de agua

Mezcla el agua templada con la levadura disuelta y el azúcar. Reserva. Déjalo reposar hasta que salgan burbujitas.

Para la masa

  • 480 gr de harina de trigo (+ 20 g. para amasar)
  • 1 cucharadita de sal
  • 65 gr de mantequilla
  • 60 gr de azúcar

Para decorar

  • 1 clara de huevo con un chorrito de leche
  • Semillas de sésamo y/o semillas de amapola

Una vez que el fermento esté listo, pon la harina, la sal, el azúcar y la mantequilla a temperatura ambiente y el fermento en un bol y amasa hasta que se vayan integrando todos los ingredientes. El proceso de amasado te llevará unos minutos de dedos embadurnados y harina por todos sitios, pero es muy fácil conseguirlo.

Enharina la mesa y haz unas 15 bolas de 60 gramos. Aplasta un poco las bolas y hazles un agujero en el medio con algo que sea redondo. El molde para donuts a mi me resulta muy pequeño, pero puedes usarlo también.

Conserva la masa que sobra de los agujeros centrales para hacer uno más al final.

Tápalos y déjalos levar sobre papel del horno tapado con un trapo mojado durante media hora.

Calienta un litro y medio de agua. Cuando hierva, ve metiendo uno a uno con la espumadera y cuando floten, ya están listos. Son 10 segundos. Ve colocándolos en la bandeja de horno sobre papel de hornear.

Coloca los bagels separados entre sí para que no se rocen cuando suban en la cocción en la bandeja del horno.

Precalienta el horno a 185°. Pincela con clara de huevo y leche y espolvorea las semillas a tu gusto. Hornea a 170º durante unos 15-18 minutos. Ve vigilando porque enseguida estarán listos. ¡Rellénalos a tu gusto y disfruta!

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Nos vemos en una semana.
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24 thoughts on “Bagels

  1. Que buena pintaaa ¡¡¡ Si encima se pueden congelar pues fantastico, asi estaran listo en el momento que lo necesitamos . Los rellenos a elegir¡¡¡ Pues nada Carolina , que no hay excusa para no hacerlos .. Un beso.

  2. Ahora mismo estoy en ello, aunque no dispongo de sésamo ni de semillas de lino… supongo que quedará igual de bueno.. En cuanto al relleno, espero que admita gran variedad de tipos 😉

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